13 nov. 2014

El Gobierno Civil de Tarragona _ "La percepción precisa de un lugar”

Plaza Imperial Tarraco a inicios de los años cincuenta. 
Fons Chinchilla, Centre d'Imatges de Tarragona.

El edificio del Gobierno Civil de Tarragona es una de las obras maestras de la arquitectura española contemporánea y una de las más significativas dentro de la trayectoria profesional de Alejandro de la Sota. Una obra “total” que suele ser explicada o analizada a partir de su perfecta y contundente imagen formal. Su fachada aparece continuamente vista como el punto donde se concentran y se resuelven los problemas que la ciudad y la función plantean al proyecto, pero casi nunca se pone de relieve su ejemplar respuesta al conflicto que se produce entre edificio y lugar.


Analizado desde este punto de vista, el edificio del Gobierno Civil de Tarragona nos puede hacer profundizar en una cuestión pocas veces tratada: la relación que la arquitectura puede establecer con la interpretación y definición de un lugar. Un emplazamiento tan singular y magnífico como brillante y ajustada fue su resolución. El Gobierno Civil que es el resultado de un concurso ganado por Alejandro de la Sota en febrero de 1957, presentaba dos premisas determinantes: las normativas y el emplazamiento. El solar situado en el ensanche de la ciudad frente a la recién inaugurada Plaza Imperial Tarraco, y las normativas municipales que obligaban a concentrar todo el volumen edificatorio en el extremo del solar, serán en gran medida las que acabarían por definir la forma final del edificio.

Según explica Josep Llinàs,1 la primera percepción de De la Sota sobre el lugar es que no se trataba de una plaza, sino de un núcleo circulatorio en el que confluían varias calles o avenidas, un anticipo de lo que realmente es en la actualidad. La opción de De la Sota fue la de asumir esa normativa, pero no el perímetro circular con el que se pretendía configurar un frente edificado homogéneo; “Se respeta el trazo urbano en cuanto a la limitación en más que dan sus alineaciones; se prescinde de la forma del solar por ellas determinado por no gustar de plantas en forma de cuña; se prefiere las derivadas de la cuadrícula en este caso.”

A través de los croquis iniciales del concurso, podemos ir observando como nacen todas estas controversias que le llevarán hasta la solución final. Un proyecto que desde el principio hace caso omiso a esa relación de dependencia geométrica respecto a la plaza, asumiendo esa voluntad de ser un cubo. “Un cubo que funciona en lugar de un plano que se adapta.”3





Pero esta aparentemente “negación” a la presencia circular de la plaza tendrá unas sutiles referencias en sus fachadas. La principal que se permite la licencia de insinuar el circulo teórico con el retranqueo de los dos pilares centrales en planta baja...“Se prescinde de la curvatura en la fachada principal por considerar que no favorece al proyecto, aunque se conserva a la curvatura de la plaza en la situación de pilares de fachada a la misma.”4 O en la fachada posterior, donde la curvatura de la tribuna de la zona administrativa recupera ese trazado regulador de la plaza, estableciendo una delicada correspondencia del edificio con el espacio urbano circundante.


Para Llinàs -gran conocedor del edificio-5 la relación que el Gobierno Civil establece con el lugar, es una relación crispada y difícil. Según él, el edificio permanece allí como un reducto de una manera de pensar la ciudad o la arquitectura. Se queda allí, cerrado en una esquina de la plaza, al margen del desarrollo de la ciudad. Pero es también allí donde el maestro De la Sota supo mostrar su gran sensibilidad para percibir las cualidades precisas del lugar.




Tal vez la larga espera hasta la aprobación del proyecto -el 30 de diciembre de 1958- el singular y conflictivo proceso de ejecución – de casi siete años hasta su entrada en funcionamiento el 1 de octubre de 1964- o la desestimada propuesta del propio arquitecto de cambiar el emplazamiento, hayan jugado a favor del edificio con el paso del tiempo. Pero lo que sí está claro, es que el Gobierno Civil ha acabado convirtiéndose para Tarragona en una pieza singular dentro del variado repertorio de arquitecturas que se reúnen alrededor de esa plaza circular, convertida ya en un episodio esencial y único dentro de la conformación de la ciudad moderna.
Jordi Guerrero, arquitecto






1. Llinàs, Josep: Saques de esquina. Girona: Editorial Pre-Textos, 2002.

2. Cortes, Juan Antonio: Gobierno Civil de Tarragona (1957-1964): Alejandro de la Sota. Memoria del anteproyecto, pág. 26. Colegio Oficial de Arquitectos de Almería, 2006.


3. Cortes, Juan Antonio: Gobierno Civil de Tarragona (1957-1964): Alejandro de la Sota. El Gobierno Civil de Tarragona, pág. 66. Colegio Oficial de Arquitectos de Almería, 2006.

4. Cortes, Juan Antonio: Gobierno Civil de Tarragona (1957-1964): Alejandro de la Sota. Memoria del anteproyecto, pág. 26. Colegio Oficial de Arquitectos de Almería, 2006.

5. Josep Llinàs, fue el responsable junto con De la Sota, de la dirección de las obras de restauración -de renovación parcial- que se realizaron en el edificio entre 1985 y 1987.


enlace al texto PDF:  AT_21.pdf

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